Para que nadie se gloríe

 

 

 

tema 5

Sin lugar a dudas la Ley de Dios es JUSTA SANTA Y BUENA, Rom 7:12  De manera que la ley a la verdad es santa, y el mandamiento santo, justo y bueno.  Sin embargo uno de los problemas mayoritarios es la mala aplicación de ella, pues si la Ley es espiritual y el hombre es carnal, entonces se crea un verdadero conflicto a la hora de aplicarla en otros, pues por la causa de la carnalidad humana solo se puede aplicar la letra misma o sea solo se aplica la orden de Ley, pero NO sus causas, que es realmente la esencia y la vida de ella.

A diario cometemos muchas infracciones a la Ley de Dios, de hecho por esa causa es que NO podemos ser salvos por medio de la Ley, pues estamos conscientes de que nadie puede cumplir a cabalidad la ley, de Dios para ser salvo,  Stg 2:10  Porque cualquiera que guardare toda la ley, pero ofendiere en un punto, se hace culpable de todos. Nadie podrá argumentar en algún momento delante de Dios de Dios y decir “yo cumplí” mi parte del asunto, ni aun hombres tan desarrollados y elevados en la fe como Abraham, Rom 4:1¿Qué, pues, diremos que halló Abraham, nuestro padre según la carne? Rom 4:2  Porque si Abraham fue justificado por las obras, tiene de qué gloriarse, (entre los hombres) pero no para con Dios. Pues si habláramos de cumplir, la Biblia destaca a Abraham como uno de los hombres más sobresalientes y correctos en cuanto a las obras de obediencia y sin embargo NO se puede decir que Abraham, fue justificado por medio de ellas, pues nadie ni aun Abraham podía en algún momento dar esa medida de cumplimiento total.

Debemos de considerar que la Ley de Dios, tiene la finalidad de hacernos ver el error, pues cuando no hay ley, sencillamente no hay delito Rom 7:8  Mas el pecado, tomando ocasión por el mandamiento, produjo en mí toda codicia; porque sin la ley el pecado está muerto. Es la ley la que determina el delito. Pues muy al pesar de nuestra incomprensión natural de las cosas espirituales, pecamos de dos maneras exorbitantes:

  1. Contra Dios en primer instancia
  2. Contra nuestro prójimo

Entonces el cumplimiento de la ley, aunque fuera exteriormente, les  daba a los hombres una cierta paz,  atravez de dos cosas que la misma Ley exigía:

  1. RESTAURACIÓN entre Dios y su pueblo.
  2. RESTITUCION entre el ofensor y su víctima.

Pero para el ser humano esta Ley que debería traer una cierta Paz interior, se convirtió en una falsa seguridad que los consumía o sea que a consecuencia de la misma naturaleza pecaminosa, el “cumplimiento” de algunos puntos de la Ley se convirtió en un problema mucho mayor o sea que el “remiendo” resulto hacer más grande el hoyo del vestido natural del hombre,  Mar 2:21  Nadie pone remiendo de paño nuevo en vestido viejo; de otra manera, el mismo remiendo nuevo tira de lo viejo, y se hace peor la rotura. La ley en ningún momento fue dada para que el hombre se justificara diciendo que ha cumplido, pues solo alguien que tuviese la conciencia cauterizada podría decir que ha cumplido la ley, 1Jn 1:10  Si decimos que no hemos pecado, le hacemos a él mentiroso, y su palabra no está en nosotros. La ley fue dada por dos propósitos generales:

  1. Aliviar o frenar (NO curar) los hechos de la naturaleza caída.
  2. Mostrar al hombre su propia imposibilidad humana.

Pero la misma maldad natural del hombre utilizo la ley para justificarse y engañar su propia conciencia, haciéndole creer que podía llegar a cumplir la Ley divina por medio de su naturaleza caída,  Mat 19:20  El joven le dijo: Todo esto lo he guardado desde mi juventud. ¿Qué más me falta? De hecho eso era lo que pensaban muchos Israelitas y estos los hacia despreciativos de las debilidades de las demás naciones, sin embargo la justicia del hombre natural, es y siempre será un trapo de suciedades, bien lo decía el profeta, Isa 64:6  Si bien todos nosotros somos como suciedad, y todas nuestras justicias como trapo de inmundicia; y caímos todos nosotros como la hoja, y nuestras maldades nos llevaron como viento. Lo mismo sucede cuando un creyente siente que cumple la Ley y que sus aptitudes hacia Dios, son mejores que las de otros, entonces Dios, antes de salvarnos nos enseña la inutilidad de nuestros propios esfuerzos atravez de la misma Ley, Rom 3:9  ¿Qué, pues? ¿Somos nosotros mejores que ellos? En ninguna manera; pues ya hemos acusado a judíos y a gentiles, que todos están bajo pecado. Rom 3:10  Como está escrito: No hay justo, ni aun uno;Rom 3:11  No hay quien entienda, No hay quien busque a Dios.  Rom 3:12  Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles; No hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno. Esta inutilidad es total, pues al pesar de que el hombre en su naturaleza trata de manifestar “justicia” atravez de sus palabras y de sus acciones, veamos como Dios realmente lo ve:

  1. SUS PALABRAS, Rom 3:13 Sepulcro abierto es su garganta; Con su lengua engañan. Veneno de áspides hay debajo de sus labios; Rom 3:14  Su boca está llena de maldición y de amargura.
  2. SUS INTENCIONES Y ACCIONES, Rom 3:15 Sus pies se apresuran para derramar sangre;  Rom 3:16  Quebranto y desventura hay en sus caminos; Rom 3:17  Y no conocieron camino de paz. Rom 3:18  No hay temor de Dios delante de sus ojos.

Entonces la Ley define en el hombre natural, su total inutilidad para producir algún tipo de justicia, Rom 3:19  Pero sabemos que todo lo que la ley dice, lo dice a los que están bajo la ley, para que toda boca se cierre y todo el mundo quede bajo el juicio de Dios; Rom 3:20  ya que por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de él; porque por medio de la ley es el conocimiento del pecado. Y este conocimiento es la clave para aceptar nuestra desdicha natural y nuestro fracaso total como seres humanos, pero también es este mismo conocimiento el que nos ayuda a deshacernos de nuestra INUTIL “propia justica” Y ACEPTAR la justicia de Dios, Rom 3:21  Pero ahora, aparte de la ley, se ha manifestado la justicia de Dios, testificada por la ley y por los profetas; Rom 3:22  la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen en él. Porque no hay diferencia, Rom 3:23  por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, Rom 3:24  siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús, Rom 3:25  a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados, Rom 3:26  con la mira de manifestar en este tiempo su justicia, a fin de que él sea el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús.

Por mucho que el ser humano trate, por medio de sus palabras o sus acciones, de “hacer su propia justicia”, es imposible que haya una tan sola “gotita” de Justicia agradable a Dios, pero al aceptar a Cristo, como nuestra justicia, el aceptar a Cristo, representa también aceptar nuestra inutilidad como ser humano, para serle agradable a Dios, por cuenta propia y la jactancia del hombre desaparece,  Rom 3:27  ¿Dónde, pues, está la jactancia? Queda excluida. ¿Por cuál ley? ¿Por la de las obras? No, sino por la ley de la fe. Rom 3:28  Concluimos, pues, que el hombre es justificado por fe sin las obras de la ley.

Debemos tener claro que nuestra salvación NO es asunto nuestro, sino de Dios, Efe 2:8  Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; Efe 2:9  no por obras, para que nadie se gloríe. O sea que el principio de nuestra  salvación es que  No somos mejor que nadie, pues no son nuestros méritos, sino los méritos de Cristo los que nos hacen estar en el Camino de Dios. 1Co 15:10  Pero por la gracia de Dios soy lo que soy; y su gracia no ha sido en vano para conmigo, antes he trabajado más que todos ellos; pero no yo, sino la gracia de Dios conmigo.

Predicado el martes 14 de mayo del 2019