Hambre y Sed en el alma

Mat 5:6  Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados.

Al considerar estas expresiones y enseñanzas de la boca de Jesús, indudablemente dejaban atónito  al sus oyentes, pues dentro de las culturas antiguas e incluso hoy en día, la riqueza y la abundancia de las cosas era considerada como una especie de bendición divina,  porque no solo se está enfocando en un hambre de Dios, sino literalmente en un hambre de clase social, definitivamente esto chocaba con la enseñanza farisaica y con las creencias culturales, porque el concepto del mundo es diferente, Luc 12:19  y diré a mi alma: Alma, muchos bienes tienes guardados para muchos años; repósate, come, bebe, regocíjate. Y al igual que este hombre rico, muchos piensan que la abundancia de las cosas materiales es la causa de la felicidad, pero curiosamente en el Reino de Dios los dignos y los felices son los sedientos y hambrientos, Luc 6:20  Y alzando los ojos hacia sus discípulos, decía: Bienaventurados vosotros los pobres, porque vuestro es el reino de Dios. Luc 6:21  Bienaventurados los que ahora tenéis hambre, porque seréis saciados. Debemos de comprender que el precepto de estas bienaventuranzas es que el hombre realmente alcance las causas correctas en esta vida, teniendo en cuenta que en este mundo, todo es pasajero y por lo tanto, solo pueden alegrar el corazón humano momentáneamente, esto incluye la abundancia de bienes, placeres y vanagloria; Pero para Jesús es sumamente importante, el resultado que las aflicciones naturales, traen en benéfico del ser humano y en esta bienaventuranza, se incluye la sed y el hambre, como precursores de un conocimiento, que traerá buenos resultados, ya que es por saciar sus necesidades básicas, que el hombre se esfuerza y lucha en esta vida.

Una de las condiciones más excepcionales de este mundo natural es que es excelente para hacernos padecer muchas necesidades y hambrunas, de hecho se conoce de lugares, regiones y países donde las “hambrunas“ son comunes y el sufrimiento es tan palpable que se pueden ver con claridad las necesidades naturales que esa gente padece,  para Jesús son esos lugares y esas personas, de extrema necesidad los mejores candidatos para dar los mejores resultados, para el Reino de Dios, pues este tipo de personas, reconocen sin mayores prejuicios la calamidad y la necesidad de sus vidas, NO hay sustento en este mundo y anhelan algo mucho mejor, bien lo dice el Eclesiastés,  Ecl 7:2  Mejor es ir a la casa del luto que a la casa del banquete; porque aquello es el fin de todos los hombres, y el que vive lo pondrá en su corazón. Ecl 7:3  Mejor es el pesar que la risa; porque con la tristeza del rostro se enmendará el corazón. Ecl 7:4  El corazón de los sabios está en la casa del luto; mas el corazón de los insensatos, en la casa en que hay alegría.  Lo que se nos dice es, que Entre más difíciles son las circunstancias que vivimos, mayor es la posibilidad de dar buen fruto.

Las condiciones extremas nos impulsa a hacer cosas que jamás pensaríamos que haríamos; en mi caso particular NUNCA en mi vida me pude imaginar estar en una iglesia, pero fueron las mismas circunstancias difíciles y de calamidad las que me hicieron ver que necesitaba algo más que solo vivir comiendo “panes superficiales” de este mundo, fue el hambre por algo más lo que me ayudó a reconocer, el hambre espiritual que me llevo a la casa del Padre.

Una vez escuche la historia de un accidente que hubo entre las montañas de chile y argentina, donde un avión se accidento en dichas montañas llenas de nieve, ene l accidente murieron varias personas, pero otros quedaron vivos, pero el rescate tardaría muchas semanas, en ese trayecto enterraron a los muertos entre la nieve y luego buscaron las formas de cómo sobrevivir hasta que llegara la ayuda, sin embargo pronto se les acabó la poca comida que tenían, luego siguieron con la cuerina, de los asientos, pero también llego su momento donde esto escaseo y la ayuda no llegaba, aguantaron hasta donde pudieron pero tanta era el hambre y la necesidad de sobrevivir que un día tomaron la decisión de desenterrar de entre la nieve a sus compañeros de viajes fallecidos y comenzaron a comerse la carne de ellos y así sobrevivir hasta que llegara la ayuda; parece una historia complicada para los que nunca hemos llegado al límite de la necesidad, sin embargo esa historia real, es clave para entender lo que es realmente padecer una necesidad ESPIRITUAL angustiante, en donde no hay nada de alimento, ni muchas opciones para llenar y nutrir nuestra vida. Aunque este mundo ofrece muchas comidas “chatarras” pasajeras, ninguna puede llenar realmente, el vacío de cada ser humano.

Se oye de hombres que se han alimentado de las comidas de este mundo,  dinero, placeres y fama,  personas con millones de dólares en sus cuentas bancarias y curiosamente terminan quitándose la vida ellos mismos, porque sencillamente comieron de un alimento que no NUTRE, ni satisface y es que en este mundo, no hay un tan solo alimento que pueda nutrir, ni agua que pueda saciar.

La comida de este mundo es un engaño,(todo es un engaño), solo mantiene ficticiamente y por momentos alegra el alma, atraves de muchas cosas que entretienen a los hombres, pero no sacian y al final por querer remendar una naturaleza degastada, con remiendos de paño “nuevo” y comidas superficiales de este mundo, al final de su vida, los hombres se dan cuenta que el problema es mayor, Mar 2:21  Nadie pone remiendo de paño nuevo en vestido viejo; de otra manera, el mismo remiendo nuevo tira de lo viejo, y se hace peor la rotura. Cuando llegamos a reconocer que nada de este mundo sacia nuestra vida, es solo entonces  cuando clamamos por lo correcto, Sal 42:1  Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas, El ciervo tiene sed a consecuencia de la persecución del devorador, ya agotado y perseguido, “brama” , es esta misma condición de angustia y de necesidad desesperada,  por medio de la que “clama”, Así clama por ti, oh Dios, el alma mía.

El hambre y la sed nos hacen clamar para buscar, Sal 42:2  Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo; ¿Cuándo vendré, y me presentaré delante de Dios? Las condiciones extremas nos mueven generalmente a clamar, por la misericordia, Jue 15:18  Y teniendo gran sed, clamó luego a Jehová, y dijo: Tú has dado esta grande salvación por mano de tu siervo; ¿y moriré yo ahora de sed, y caeré en mano de los incircuncisos? Esta es la bienaventuranza, el no dejarnos engañar con los “pastelillos superficiales” de este mundo y saber que el único que puede saciar realmente nuestra vida es Dios. Entonces al llegar al extremo de las condiciones de sed o hambruna o sea cuando ya no nos conformamos con la “comida chatarra” que este mundo ofrece para aliviar el hambre del alma, “Bienaventurado eres”,  pues es así como todos los hambrientos llegan a satisfacer su hambre en los caminos de Dios y buscamos el pan que ha vida eterna permanece.

El hambre natural y la necesidad nos impulsa a trabajar y esforzarnos por las cosas que sustentan el cuerpo, pero el llamado de Jesús, va mucho más allá de todo esto. Jua 6:27  Trabajad, no por la comida que perece, sino por la comida que a vida eterna permanece, la cual el Hijo del Hombre os dará; porque a éste señaló Dios el Padre. Jua 6:35  Jesús les dijo: Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás.

El tener hambre profunda por lo eterno, es la clave en las palabras de Cristo atraves de su enseñanza, Mat 5:6 Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados, pero este nivel de hambre al que se refiere Jesús, es el nivel extremo de una necesidad desesperante, 2Re 6:25 Y hubo gran hambre en Samaria, a consecuencia de aquel sitio; tanto que la cabeza de un asno se vendía por ochenta piezas de plata, y la cuarta parte de un cab de estiércol de palomas por cinco piezas de plata. El hambre de Dios nace a consecuencias de las nulas condiciones de aprovisionamiento en este mundo, 2Re 6:26 Y pasando el rey de Israel por el muro, una mujer le gritó, y dijo: Salva, rey señor mío. Este es un perfecto ejemplo de una situación extrema y desesperante que trae consecuencias devastadoras, 2Re 6:28 Y le dijo el rey: ¿Qué tienes? Ella respondió: Esta mujer me dijo: Da acá tu hijo, y comámoslo hoy, y mañana comeremos el mío. 2Re 6:29 Cocimos, pues, a mi hijo, y lo comimos. El día siguiente yo le dije: Da acá tu hijo, y comámoslo. Más ella ha escondido a su hijo. El relato de esta mujer es devastador, pero es un ejemplo perfecto de devastación y angustia, el relato es verídico y difícil de entender, principalmente cuando tenemos abundancia de lo necesario. De hecho mientras NO llegamos a estas circunstancias de desesperación, difícilmente se desarrollará el hambre hacia lo eterno, pues la abundancia de los bienes trae menosprecio hacia las cosas espirituales, pero en semejantes circunstancias hasta lo amargo sabe dulce, Pro 27:7 El hombre saciado desprecia el panal de miel; Pero al hambriento todo lo amargo es dulce. Y esto nos lleva a entender por qué la mayoría de personas de este mundo, menosprecia la palabra de Dios, menosprecia la casa del Padre, pues para saborear y valorizar, la misericordia de Dios, primero debemos padecer profundas necesidades en este mundo, Luc 15:16 Y deseaba llenar su vientre de las algarrobas que comían los cerdos, pero nadie le daba. Este joven vivió muchos años con la abundancia en la casa su padre, mas nunca pudo llegar a valorizar todo el bien que de su padre recibía, hasta que la misma vida le enseño lo que es padecer una verdadera necesidad, la necesidad acabó con el egocentrismo y el hambre acabó con el orgullo del corazón de este muchacho; de hecho que la misma escases, hambre y sed que produce este mundo, nos ayuda a considerar que este mundo realmente NO tiene el suficiente sustento, como para satisfacer el vacío espiritual que llevamos dentro, pero esta agua solo es para aquellos que entienden la necesidad que viven, Jua 7:37 En el último y gran día de la fiesta, Jesús se puso en pie y alzó la voz, diciendo: Si alguno tiene sed, venga a mí y beba.

Sencillamente el agua y el pan que sacia el alma son gratuitos, pero solo para los que pueden llegar a reconocer su necesidad y a comprender que este mundo y “sus comidas”, no tienen la capacidad real de sustentar las profundas necesidades que como seres humanos llevamos dentro. Jua 6:67 Dijo entonces Jesús a los doce: ¿Queréis acaso iros también vosotros? Jua 6:68 Le respondió Simón Pedro: Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna. Jua 6:69 Y nosotros hemos creído y conocemos que tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente.

 

 

 

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