El Poder de la Decisión

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Tema 12

SEPTIMO MISTERIO:

“Asimismo el reino de los cielos es semejante a una red, que echada en el mar, recoge de toda clase de peces; y una vez llena, la sacan a la orilla; y sentados, recogen lo bueno en cestas, y lo malo echan fuera. Así será al fin del siglo: saldrán los ángeles, y apartarán a los malos de entre los justos, y los echarán en el horno de fuego; allí será el lloro y el crujir de dientes. Jesús les dijo: ¿Habéis entendido todas estas cosas? Ellos respondieron: Sí, Señor. El les dijo: Por eso todo escriba docto en el reino de los cielos es semejante a un padre de familia, que saca de su tesoro cosas nuevas y cosas viejas.

Aconteció que cuando terminó Jesús estas parábolas, se fue de allí.” (Mateo 13: 47-50) De hecho que se debe relacionar esta parábola con la actitud de los malos peces en medio del Reino de Dios en esta tierra, pero más allá de esta explicación básica, el señor atravez de esta parábola manifiesta una de las más grandes verdades de la naturaleza humana, pues el enfoque central de esta historia radica en la comprensión de lo que es en realidad la naturaleza del ser humano en este mundo y una de las más claras advertencias que Dios nos hace atravez de su Palabra es que debemos saber reconocer la actitud y voluntad del hombre frente, al saber discernir y escoger entre el bien y el mal en esta vida, pues la verdad es que de esta elección personal van a depender sus principios que lo conducirán o lo alejaran a la vida de Dios y de hecho que de su Reino.

La vida cotidiana y el creciente humanismo dentro de la sociedad y de las personas, puede envolverles y hacerles creer que todo tipo de comportamiento es válido, o que no representa peligro alguno, para su futuro eterno, el humanismo se esfuerza todos los días por hacernos creer que no somos tan malos como sociedad.

En la época actual, la doble moral, el éxito fácil, y en general muchos actos vergonzosos y abominables, aparecen dentro de nuestra sociedad, como normales y aceptables a la luz de nuestras leyes y de grandes cantidades de personas.

Nuestras sociedades, nuestros gobernantes,  no suelen distinguir entre las cosas buenas y las malas, y la verdad es que cada uno de nosotros debe saber, que ha esta tierra ha venido únicamente a “llenar su cesta”.  O dicho de otra manera, llenar nuestro corazón, de las cosas que consideremos, según nuestro criterio, buenas o malas.

Esta parábola más que fin del mundo y el juicio eterno, determina la capacidad que cada uno debe de tener, para saber de qué clase de cosas llenará su vida.

Nuestro comportamiento, se debe a lo que hay dentro de nuestra vida y de acuerdo a la parábola, esto es lo que Determina nuestra eternidad; el que supo distinguir y escoger en este mar que es la vida lo bueno, de hecho que tendrá un fin eterno glorioso; más el que no logro distinguir y llenó su corazón de la maldad de este mar que es la vida, tendrá un destino eternamente doloroso.

Aunque todas las personas somos iguales delante del Creador cuando nacemos; nuestras vidas o redes, son tiradas a este mundo, simplemente para que tomemos decisiones claras y definitivas y con el tiempo se llegan a ver claras diferencias entre unos y otros y esta diferencia radica en la aptitud personal a la hora de llenar nuestras “cesta o vida” de las decisiones que tomamos a diario.

Es totalmente necesario que nuestro carácter se incline por lo bueno o lo malo, así agradará o nó, a Dios, quien realmente es el que tira las redes, pero quien escoge lo que hecha en sus cestas, somos cada uno de nosotros.

El carácter, puede inclinarse al bien en la vida o desviarse por la senda del mal. Es una decisión personal en cada ser humano, ahora la enseñanza radica en el hecho de lo responsables que somos de tomar decisiones Acertadas en torno al Reino de Dios, pues vivimos en un mar, donde hay de todo, vivimos en una sociedad tan cargada de materialismo que se inclina abiertamente a la codicia, a las satisfacciones y a los deseos de la carne.

Es una sociedad donde solamente lo material tiene valor y sus cestas las han llenado solo de estas cosas. Y teniendo en cuenta que todos somos más o menos influenciados, es necesario tener el cuidado suficiente, para no dejarse influenciar, por esta sociedad y para que las cosas realmente verdaderas, no pierdan el verdadero valor a nuestros ojos.

Podemos aplicar las palabras de Cristo a esta realidad social que vivimos, Lucas 12:15 “Cuídense ustedes de toda avaricia; porque la vida no depende del poseer muchas cosas”.  NO LO  OLVIDE, a esta vida solo venimos a llenar nuestras cestas de buenos peces o de malos, dependiendo de cómo usted vea la vida en lo Personal, nadie puede llenar nuestra “cesta”, nosotros la vamos a llenar con nuestras propias decisiones.

Así será al fin del siglo: saldrán los ángeles, y apartarán a los malos de entre los justos, y los echarán en el horno de fuego; allí será el lloro y el crujir de dientes. La idea de que los ángeles saldrán a apartar los malos de entre los justos denota la facilidad de reconocimiento de los ángeles para saber distinguir entre los peces malos y buenos, esto también nos enseña que un ángel jamás podría ser nuestro sacerdote o pastor, por la Intolerancia al pecado en la vida de los hombres, por eso se designan a simples hombres como pastores y no a ángeles Heb 5:1 Porque todo sumo sacerdote tomado de entre los hombres es constituido a favor de los hombres en lo que a Dios se refiere, para que presente ofrendas y sacrificios por los pecados; Heb 5:2 para que se muestre paciente con los ignorantes y extraviados, puesto que él también está rodeado de debilidad; Heb 5:3 y por causa de ella debe ofrecer por los pecados, tanto por sí mismo como también por el pueblo. Heb 5:4 Y nadie toma para sí esta honra, sino el que es llamado por Dios, como lo fue Aarón.

Jesús les dijo: ¿Habéis entendido todas estas cosas? Ellos respondieron: Sí, Señor. El les dijo: Por eso todo escriba docto en el reino de los cielos es semejante a un padre de familia, que saca de su tesoro cosas nuevas y cosas viejas. Ni es bueno ser un rancio sabelotodo a la antigua, ni ser una veleta que se deja llevar por la última moda. Debemos ser como aquel hombre que sabe usar bien la capacidad de las experiencias pasadas y también sabe que le queda mucho por aprender; debemos sacar de lo que hemos llenado nuestro corazón, lo nuevo y lo viejo, Si es antiguo o si es nuevo no es el criterio de elección, sino el distinguir lo bueno de lo malo, como el pescador que distingue el buen pescado de aquel que no reúne las cualidades para ser vendido. Así nosotros debemos saber distinguir y escoger lo bueno, ya sea del pasado o del presente y aparte de escoger lo bueno también es nuestra responsabilidad desechar, lo malo ya sea del pasado o del presente, esto es realmente ser una persona docta o entendida en el Reino de Dios.

Una persona docta en el Reino de Dios es simplemente alguien que sabe distinguir y guardar en su corazón las cosas de esta vida, que él considera que le pueden servir, para vivir para Dios. Por eso el apóstol dice:

“Examinadlo todo, retened lo bueno” (1 Ts. 5: 21).

Aconteció que cuando terminó Jesús estas parábolas, se fue de allí.”

El que tenga oídos para oír que oiga…

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